XXVII ANIVERSARIO CERTAMEN LITERARIO

PREMIO DE POESÍA EUCARÍSTICA VILLACARRILLO 2012

ESTE SIGNO QUE ABARCA TIERRA Y CIELO
Autor : Jorge de Arco

Lema: Heredera del Amor

   

Todo fue tan real como sencillo.
Como cuando la joven primavera,
derrotando al invierno a su manera,
va pintando de verde lo amarillo.

Estrenaba la luna un nuevo brillo
y la noche ascendía su escalera
de soledades. (Se escuchaba afuera,
premonitorio, el canto del autillo).

Tomó un trozo de pan y miró al cielo.
“Este es mi cuerpo”, dijo, en tanto el vino
-“Esta es mi sangre”-, rojo, se encendía.

Y todo fue caricia y fue consuelo,
y llama y luz y pálpito divino,
al nacer, de su Amor, la Eucaristía.

Dulce refugio es este sacramento:
el vino de la vid y el pan del trigo.
Al compartirlos, quiso ser testigo
de que Él mismo se daba en alimento.

Y trocó su palabra en testamento:
-Haced esto en memoria del Amigo.
Abrid el corazón al enemigo,
y perdonad la ofensa. Ese momento

perdura. Van los siglos sucediéndose
y su verbo alumbrando y encendiéndose
con más brío y más brillo cada día.

Es como el Sol, como el claror del Alba.
La Luz que nos redime y que nos salva.
El gran milagro de la Eucaristía.

   

Esta llama de luz que alumbra y quema
y cauteriza, suave, el alma mía,
tiene un nombre sacral: Eucaristía,
y es misterio y es verso y es poema.

Y es heredera del Amor, y emblema
del que cree y espera todavía.
Él vino, y prometió que volvería,
y el vino se hizo sangre y se hizo lema.

Lema, el vino. Y el pan. El hombre sabe
que la esperanza es un tremor, un ave
que va de lo profundo a lo profundo.

Que aleja de sus ojos la agonía
y los llena de paz. Eucaristía:
Llama de Luz para el vivir del mundo.

Dejadme pronunciar su letanía.
Es justo que mi cántico repita
esa palabra para siempre escrita
en el milagro de la Eucaristía:

Lucero de la paz y la armonía,
Astro de fuego, Luna pequeñita,
que en su redonda infinitud concita
a un tiempo la esperanza y la alegría.

Gota de lluvia celestial, que cala
despacísimamente, y que se instala
-serena- en lo más noble del costado.

Círculo divinal, Circunferencia
que de la mano de la penitencia
hace del alma cuna del Amado.

   

Este signo que abarca tierra y cielo
con el candor de su geometría,
es la confirmación de la alegría
de un Dios que descendiera a nuestro suelo.

Que pisó nuestro suelo y dio consuelo
a la tristeza y la melancolía.
Y en carne y sangre se hizo Eucaristía,
claro dulzor para el amargo duelo.

Porque Él tiene la clave de la pena,
y borra con su mano nazarena
el dolor de una vida lastimada.

Mira abrirse en sonrisas y canciones
tu corazón herido, cuando pones
en tu lengua la forma consagrada.

(Soneto final donde el poeta proclama su entrega definitiva)
Abro los ojos y te veo. Llevas
la aurora a un paso de tu mansedumbre
y eres miel y caricia y sueño y lumbre,
música fiel, en la que te renuevas.

En la mano sacral, breve, te elevas
y eres la Inmensidad hecha costumbre.
(Ayer, clavado en la más fiera cumbre,
nos bendijiste con palabras nuevas).

Espejo de tu cuerpo delicado,
mira cómo tu trigo se acompasa
a mi temblor, y se hace compañero.

Porque escuché la voz de tu llamado,
entra, Dios mío, entra en esta casa,
que hace ya mucho tiempo que te espero.